lunes, 3 de diciembre de 2007

La triskaidekafobia

El 13 tiene su propia fobia: la triskaidekafobia, que es el miedo irracional a este número.

La historia de la mala suerte que trae este número es más compleja de lo que parece. Una de las técnicas políticas y religiosas para imponerse es reutilizar los símbolos que para otros tienen un determinado significado y así tapar este significado con el propio. Así pues, el número 13, considerado de buena suerte por los judíos**, fué retomado por los cristianos quienes le dieron una conotación negativa. La Iglesia de Roma en la reforma primera, y tan sustancial como para llegar hasta nuestros días, efectuada por Constantino el Grande en el siglo IV, fue quién se encargó de difundir el maleficio que acarreaba el numero trece, y aunque lo fatídico de éste número precedia en mucho al cristianismo, la iglesia de Roma aprovechó la Última Cena de Jesús con sus Apóstoles, en la que pone sólo a trece comensales para darle así un carácter de mal agüero al número vinculado con la religión. El pueblo en su desconocimiento de las bases que han dado lugar a las supersticiones viene arrastrando desde hace milenios unas creencias que no les son nada positivas para su vivencia diaria. La falta de conocimiento hace que el hombre vaya a la deriva por la vida al no conocer ciertas leyes naturales que solamente les son inducidas, la mayoría de las veces, por aquellos que tienen interés en subyugarlo aprovechando ese desconocimiento. El vulgo, en particular el correspondiente a la religión católica, tomó en aquel momento al número 13 como signo de los peores presagios imaginables, y desde entonces hasta nuestros días parece que esta idea ha perdurado. Curioso, no?


**Eliezer el Rabí, ante una tremenda sequía pide se hagan trece ayunos al fin de los cuales llueve. Trece son los principios de Maimónides, judío español de la Edad Media que profesó un sistema
filosófico. Trece letras componen en hebreo el nombre Jacob. Trece veces la palabra "Pacto" está escrita en el capítulo de la circuncisión. Trece meses componen el año bisiesto hebreo. Trece
cuernos eran usados en los templos hebreos para llamar a su comunidad, trece eran las mesas que había dentro y trece las reverencias devocionales. Trece años debía tener cumplidos el chico hebreo para la mayoría de edad religiosa "Bar Mitsvá" (Hijo del deber): era el día más importante de su vida juvenil, ya que a partir de ese momento se convertía en un miembro responsable del judaísmo y podía casarse; actualmente existen familias judías cuyos varones contrajeron enlace a los trece años.Etc...